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A sus 39 años, Óscar Antonio Álvarez González, el enigmático cerebro financiero del Cártel Jalisco Nueva Generación, era considerado un especialista en lavar dinero a gran escala al servicio del crimen organizado: entre 2013 y 2024, tejió una compleja red de, cuando menos, 58 compañías dedicadas a la construcción, al ganado y al tequila, así como al tráfico de metales y joyas preciosas. Todas, siempre, operaron legalmente.
Pero el 11 de septiembre de 2025, la Unidad de Inteligencia Financiera (UIF) lo detuvo en el Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México, sin forcejeos ni un solo disparo, el equipo de Harfuch lo tenía en la mira ocho semanas atrás.